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Ese largo camino ya comenzó y, si no pegamos un golpe de timón a tiempo, nos perderemos una gran oportunidad.
Esta vez, les propongo hacer un esfuerzo imaginativo, y pensar cómo va a ser la agricultura en Argentina dentro de 50 años. Ese largo camino ya comenzó y, si no pegamos un golpe de timón a tiempo, nos perderemos una gran oportunidad, pues tenemos con qué, tenemos las condiciones para ser líderes mundiales, si es que abandonamos los egos personales en la política sobre todo y nos solidarizamos y emprendemos todos juntos un camino que sin dudas nos llevará al éxito.
En Argentina hoy, lamentablemente, el debate agropecuario sigue girando en torno a variables conocidas: rindes, clima, precios y presión impositiva. Es una calesita que da vueltas y vueltas sobre el mismo lugar.
Sin embargo, mientras esa discusión se repite año tras año, el mundo está avanzando hacia un cambio mucho más profundo: una redefinición completa de qué significa producir en el campo. Muchas herramientas que hoy comienzan a emerger y que significan cambios en la forma de producir, ya se están dejando ver y se irán consolidando en forma más intensa año a año.
El riesgo de quedar atrapados en un círculo vicioso no es menor. Es estructural.
Las tendencias globales son claras, y el resultado final, allí por el año 2075, a mi entender, será el siguiente:
Esto implica que la agricultura dejará de ser únicamente un negocio de volumen para convertirse en un negocio de gestión de sistemas integrados.
El productor tradicional -aquel que decide en base a experiencia y ejecuta operaciones- está en proceso de desaparición.
En su lugar emerge otro perfil, el futuro productor será:
El trabajo físico se reduce drásticamente, pero la complejidad aumentará.
El nuevo eje del negocio será producir y certificar.
La hectárea deja de ser una unidad productiva.
Pasará a ser:
En ese contexto, el ingreso del productor se diversifica. No se trata solo de cuántas toneladas produce, sino de qué calidad ambiental puede demostrar.
Aquí aparece el problema central.
Argentina tiene ventajas evidentes (fortalezas):
Pero también tiene limitantes estructurales (debilidades):
La consecuencia es clara: El productor argentino compite bien en el modelo actual, pero llega tarde al modelo futuro.
En un escenario donde el 30-40% del ingreso provendrá de servicios no tradicionales, la falta de reglas claras puede implicar:
No se va tratar de producir más. Se va tratar de capturar mayor valor.
El nuevo diferencial será la gestión, no la escala.
El paradigma cambiará:
Esto redefine incluso el rol del contratista, del asesor y de toda la cadena agroindustrial.
Argentina enfrenta un dilema:
P uede seguir discutiendo el reparto del negocio actual, o puede empezar a construir el negocio futuro. Porque el mundo no nos va a esperar. Y cuando ese nuevo modelo esté consolidado, no habrá margen para subirse porque será tarde.
El productor no va a desaparecer. Pero el sistema que lo rodea puede dejarlo afuera.
El mayor riesgo es quedar atrapado en un modelo que ya empezó a volverse viejo. Hay que comenzar a cambiarlo ya.
Un campo argentino en 2075: números, decisiones y una verdad incómoda.
Imaginemos un campo típico de la zona núcleo argentina en el año 2075. No un modelo futurista ideal. Un campo realista, manejado por un productor argentino promedio, tecnificado, que logró adaptarse.
El campo:
Pero acá aparece el primer cambio: Ya no se hablará solo de hectáreas, se hablará de unidades productivas digitales.
Cada lote está completamente mapeado:
La operación (lo que ya no existe):
En este campo, en 2075:
La operación está 100% automatizada:
El costo operativo directo caerá entre 35% y 50% respecto al modelo 2025.
Pero atención:
El costo tecnológico sube fuerte, el negocio cambia de estructura.
Supongamos un esquema soja-maíz avanzado:
Hasta acá, todo parece una mejora incremental, de productividad en kg por Ha.
Pero lo disruptivo no está en el rinde.
En este campo, el ingreso total anual no viene solo del grano.
Es decir: hasta 40% del ingreso no depende del commodity.
Ahora pongamos números concretos.
Supongamos por hectárea:
Resultado total: USD 550-750/ha
Pero hay un detalle clave:
Sin los ingresos adicionales mencionados, ese 35-40% directamente no existe.
Ahora viene la parte incómoda.
Este mismo campo, en otro país:
En Argentina, el mismo productor enfrenta:
Entonces pasa algo simple:
Produce igual, pero captura menos valor.
Este productor ya no “trabaja el campo” como antes. Deberá:
Deberá ser más parecido a un gestor de activos complejos que un agricultor tradicional como lo conocemos.
El problema no es tecnológico. El problema es de “timing” y sistema.
Porque este modelo no aparece en 2075 de golpe. Se construye entre 2026 y 2040.
Y ahí es donde se define todo.
Un productor argentino puede ser perfectamente competitivo en 2075.
Tiene conocimiento, escala y capacidad.
Lo que no está garantizado es el contexto.
Porque si el sistema no acompaña:
El riesgo no es quedarse afuera por ineficiencia.
Es quedarse afuera haciendo bien las cosas… pero en el lugar equivocado y sin tener las herramientas provistas por un sistema que está mirando para otro lado, sin darse cuenta de la importancia que tiene el sector para el país.
Fuente: Diario La Mañana
Link Original: https://www.diariolamanana.com.ar/2026/04/26/como-sera-la-agricultura-dentro-de-50-anos
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