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El agro es el mayor exportador de la Argentina, pero es mucho más que eso. Solo la soja moviliza más de 400.000 puestos de trabajo. La trama productiva abarca etapas previas a la siembra, como elaboración de semillas, uso de fertilizantes y saber agronómico.
La estructura exportadora argentina muestra una fuerte presencia de las cadenas agroindustriales, que superan en valor y volumen a sectores tradicionales como el automotriz y el pesquero. Según los últimos datos anuales procesados por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), siete de los diez principales complejos exportadores de Argentina en 2025 pertenecen a sectores vinculados de manera directa con la actividad rural: soja, maíz, carne y cueros bovinos, trigo, pesquero, girasol y lácteos. En conjunto, el valor exportado por estos complejos representa el 48% de las exportaciones nacionales.
El predominio del sector agroindustrial se da en un contexto de resultados dispares para los distintos sectores. En 2025, la mayoría de los complejos exportadores creció en valor, excepto el complejo maíz, que registró una caída del 8,3% interanual, y el complejo automotriz, que disminuyó un 1,4%. En contraste, los sectores que lideraron el crecimiento fueron el girasol, con un incremento del 47,0% interanual, seguido por el complejo oro y plata con un 28,1% y el complejo carne y cueros bovinos, con un 24,3%.
Dentro de este esquema, la cadena de la soja se posiciona como el pilar fundamental de la economía argentina. La BCR señala que se trata de la cadena agroalimentaria que mayor valor agregado genera, siendo la que más contribuye al Producto Bruto Interno (PBI) nacional y la que mayor ingreso de divisas reporta.
En términos de empleo, el impacto de la oleaginosa es significativo. “La cadena agroalimentaria de soja generó 1 de cada 9 empleos agroindustriales y el 2,5% del empleo total en Argentina”, destaca el informe técnico. Esto se traduce en un total de 404.183 puestos de trabajo, cifra que abarca tanto el empleo asalariado registrado como el no registrado y los trabajadores independientes. La distribución de estos puestos muestra que la mayor parte se concentra en la producción primaria, que genera 246.847 empleos (un 61% del total).
La industrialización de la soja también desempeña un rol crucial en la dinamización del mercado laboral, aportando 36.731 puestos de trabajo. De esta cifra, el 89% corresponde a la industria aceitera (primera industrialización), mientras que el 11% restante pertenece a la segunda industrialización, donde se incluyen la elaboración de alimentos preparados para animales (9%) y la fabricación de biodiesel (2%). Por su parte, la comercialización aporta 46.938 puestos de trabajo, y los sectores de transporte, almacenamiento e insumos completan el entramado con más de 70.000 empleos adicionales.
El debate sobre el valor agregado encuentra en la soja un ejemplo concreto de transformación industrial. De acuerdo con los datos de la BCR, el complejo soja genera “1 de cada 3 dólares que ingresan al país por exportaciones”. En periodos recientes, las exportaciones del complejo alcanzaron los USD 23.719 millones, estableciendo un récord histórico. El principal producto de exportación es la harina o pellets de soja, seguido por el aceite de soja, que ha registrado sus mejores marcas históricas en términos de valor.
Un ejercicio estadístico permite dimensionar el peso de la industria local: si Argentina exportara únicamente el grano sin procesar en lugar de los subproductos industrializados (harina, aceite y biodiesel), el valor de las exportaciones sería significativamente menor. “Industrializando el poroto de soja en el país se permitió generar un valor agregado adicional de casi USD 2.000 millones a las exportaciones del complejo”, señala el documento de la Bolsa rosarina. En términos de participación sobre el PBI, la cadena de la soja explica aproximadamente 3,5 de cada 100 pesos de la riqueza generada en el país.
Otra de las columnas vertebrales de las exportaciones argentinas es el complejo del maíz. A pesar de las variaciones estacionales o climáticas que pueden afectar el volumen exportado, su cadena de valor presenta una complejidad creciente. El procesamiento del maíz no solo se limita a la exportación de grano, sino que se extiende hacia la producción de proteína animal, bioetanol y diversos derivados industriales. Esta capacidad de transformación es lo que define su aporte al valor agregado.
Aunque el campo domina la lista de los diez mayores exportadores, otros sectores muestran un crecimiento estructural relevante. El complejo de oro y plata es el único que ha logrado un crecimiento sostenido durante cinco años consecutivos, duplicando su valor exportado de USD 2.365 millones en 2020 a USD 4.877 millones en 2025. Este fenómeno se explica principalmente por el incremento en los precios internacionales del oro, compensando un volumen de exportación que se encuentra un 40% por debajo del promedio de la última década.
El complejo petrolero-petroquímico se ha consolidado como el segundo sector exportador en importancia, solo detrás de la soja. Con exportaciones que alcanzaron los USD 11.495 millones en 2025, este complejo registró un crecimiento del 135% respecto a 2021.
En conclusión, los datos ratifican que la generación de divisas y empleo en Argentina sigue teniendo una dependencia directa de la competitividad de las cadenas agroindustriales. Siete de los diez principales motores de las ventas externas del país tienen su origen en la producción rural, demostrando que el concepto de “valor agregado” se manifiesta tanto en la eficiencia de la producción primaria como en la escala de sus procesos de industrialización.
Fuente: Mariano Zalazar
Link Original: https://www.infobae.com/economia/2026/04/07/el-debate-sobre-el-valor-agregado-7-de-los-10-mayores-complejos-exportadores-de-la-argentina-comienzan-en-el-campo/