El hambre y el agro en la encrucijada electoral

Análisis de las propuestas de los candidatos para la ruralidad colombiana y balance sobre la situación del hambre al final del cuatrienio.

El hambre y el agro en la encrucijada electoral
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El hambre y el agro en la encrucijada electoral

La carrera por la presidencia hacia el próximo periodo constitucional ha vuelto a ubicar al sector agropecuario en el centro del debate nacional. No es para menos. Tras un cuatrenio caracterizado por profundas promesas de una “revolución agraria” que terminaron en gran medida atrapadas en la parálisis institucional, el bajo alcance de las metas propuestas y un preocupante deterioro de la seguridad territorial, el campo colombiano demanda respuestas pragmáticas y realistas, distantes del dogma ideológico. En este escenario, las plataformas de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda encarnan dos visiones diametralmente opuestas sobre cómo gestionar la ruralidad, obligándonos a evaluar cuál de estos modelos responde con mayor precisión a las urgencias de los habitantes rurales.

DOS MODELOS EN DISPUTA: DE LA ESPRIELLA VS. CEPEDA

Para estructurar una comparación rigurosa, conviene aislar tres propuestas o pilares fundamentales de cada campaña para el sector productivo del campo:

  • Abelardo de la Espriella: Se enfoca en (1) la seguridad territorial punitiva mediante el retorno de la aspersión aérea con glifosato y la erradicación forzosa para desmantelar las economías ilegales; (2) el fomento de alianzas agroindustriales masivas eliminando trabas regulatorias e impositivas para atraer inversión privada; y (3) la implementación del ‘Plan Cosecha Solidaria’, un esquema de comercialización directa para conectar al productor con centros de consumo masivo, reduciendo la intermediación mediante un enfoque de libre mercado.
  • Iván Cepeda: Plantea (1) la profundización de la Reforma Rural Integral basada en la redistribución de tierras mediante mecanismos administrativos; (2) la transición agroecológica con la prohibición de agroquímicos y del glifosato; y (3) la gobernanza territorial comunitaria a través de la consolidación de Zonas de Reserva Campesina y autonomías regionales alimentarias financiadas directamente por el Estado.

¿Cuál de estos dos horizontes es mejor para los habitantes del campo? Un análisis detallado revela fallas estructurales en ambos. El habitante rural vive bajo la constante tenaza de la violencia armada y la falta de rentabilidad de sus cultivos. El modelo de De la Espriella acierta en reconocer que sin orden público y seguridad jurídica sobre la propiedad no hay inversión viable; sin embargo, su excesiva dependencia de la respuesta militar y la erradicación forzosa ignora los costos sociales y ambientales sobre el pequeño campesinado tradicional.

Por su parte, el programa de Cepeda adolece del mismo vicio que paralizó al gobierno actual: un romanticismo que promete mucho pero que cumple poco, y termina por aislar al campo de los mercados formales. Para el productor real, la ineficacia institucional que Cepeda le heredaría a Petro resultaría tan costosa como la tensión militar que De la Espriella buscará imponer.

LA REALIDAD DE LOS DATOS: EL BALANCE DEL HAMBRE Y LA POBREZA

Para evaluar con objetividad el punto de partida que recibirá la próxima administración, es imperativo contrastar la narrativa oficial de reducción de la miseria con las cifras consolidadas definitivas publicadas este año por el DANE y la FAO correspondientes al cierre de 2025. El relato gubernamental insiste en una victoria histórica frente a la exclusión; no obstante, los indicadores macroeconómicos exigen un análisis que exceda la propaganda oficial.

De acuerdo con el boletín de pobreza monetaria del DANE, la pobreza monetaria nacional se ubicó en un 28,0% al cierre de 2025, mostrando un descenso acumulado frente al 36,6% del año 2022. Al desagregar la ruralidad, el panorama evidencia la persistencia de brechas inaceptables: la pobreza rural cerró el 2025 en un 36,5%, lo que significa que el ritmo de descenso en el campo es considerablemente más lento que en las cabeceras urbanas.

En términos de seguridad alimentaria, el informe conjunto DANE-FAO revela que la inseguridad alimentaria moderada o grave en las zonas rurales dispersas pasó del 38,5% en 2022 al 31,4% en 2025. Si bien representa una importante reducción neta, esta mejora responde fundamentalmente a la estabilización macroeconómica y a la corrección de los canales de suministro tras el choque inflacionario de la pospandemia.

Los datos duros desmitifican el relato maximalista de la transformación rural, demostrando que el avance, aunque significativo en materia de reducción del hambre, ha sido fragmentado. De cara a los comicios, continuar atrapados en la polarización de dos extremos dogmáticos solo prolongará el letargo de nuestro agro. El verdadero desarrollo rural sostenible no nacerá de discursos de barricada, sino de una política de Estado técnica y descentralizada que asegure la provisión integral de bienes públicos.

Quien sea que gane las elecciones recibirá un país en el que 12 millones de personas todavía pasan hambre.

Fuente: Andrés Bodensiek

Link Original: https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/el-hambre-y-el-agro-en-la-encrucijada-electoral/

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