La fragilidad del agro colombiano por la dependencia de fertilizantes

Por: Luis Efrén Delgado ErasoPresidente de ASOINAGRO El agro colombiano, base de la seguridad alimentaria del país y sustento de millones de familias rurales, enfrenta una fragilidad estructural que pocas veces se discute con la profundidad necesaria: la alta dependencia de fertilizantes, especialmente de origen importado. Esta situación expone a la agricultura nacional a riesgos […]

La fragilidad del agro colombiano por la dependencia de fertilizantes

La fragilidad del agro colombiano por la dependencia de fertilizantes

El agro colombiano, base de la seguridad alimentaria del país y sustento de millones de familias rurales, enfrenta una fragilidad estructural que pocas veces se discute con la profundidad necesaria: la alta dependencia de fertilizantes, especialmente de origen importado.

Esta situación expone a la agricultura nacional a riesgos económicos, geopolíticos y productivos que amenazan la estabilidad del campo.

Colombia importa entre el 70 % y el 80 % de los fertilizantes que utiliza. Nutrientes esenciales como el nitrógeno, el fósforo y el potasio provienen, en gran medida, de mercados internacionales. Países como Rusia, Canadá, Estados Unidos, Marruecos y China juegan un papel clave en el suministro de estos insumos. En consecuencia, cualquier tensión internacional, crisis logística o variación en los precios del petróleo termina afectando directamente los costos de producción de nuestros agricultores.

El país ya vivió un ejemplo claro durante la crisis internacional de fertilizantes entre 2021 y 2023, cuando los precios llegaron a duplicarse e incluso a triplicarse en algunos casos.

Muchos productores redujeron las dosis de fertilización; otros disminuyeron las áreas sembradas y algunos, simplemente, abandonaron cultivos. El resultado fue un aumento en los costos de producción, presiones sobre los precios de los alimentos y una mayor vulnerabilidad del sistema productivo.

En departamentos como Nariño, donde predominan pequeños y medianos productores, el impacto es aún mayor. Cultivos fundamentales para la economía regional, como la papa, el maíz, las hortalizas, el café, el plátano y el cacao, tienen una alta demanda de fertilización.

Cuando el precio de los fertilizantes sube, el margen del productor desaparece rápidamente. En el caso de la papa, por ejemplo, los fertilizantes pueden representar entre el 30 % y el 45 % de los costos de producción. Esto significa que cualquier aumento en estos insumos se traduce inmediatamente en una reducción de la rentabilidad del agricultor.

Pero la fragilidad no es solo económica; también es estratégica. Un país que depende de fertilizantes importados para producir su comida está expuesto a interrupciones en el suministro.

Basta un conflicto internacional, una restricción comercial o problemas logísticos globales para poner en riesgo la producción agrícola.

Ante esta realidad, Colombia necesita avanzar hacia una política nacional de nutrición de suelos y fertilización sostenible.

Esto implica varios frentes de acción.

Primero, fortalecer la producción nacional de fertilizantes, aprovechando los recursos minerales disponibles en el país y promoviendo inversiones en la industria de insumos agrícolas.

Segundo, impulsar la investigación en biofertilizantes y fertilización biológica, utilizando microorganismos que mejoren la disponibilidad de nutrientes en el suelo. Este es un campo en el que la academia ya ha demostrado avances importantes.

Tercero, mejorar el manejo agronómico de los suelos. En muchos casos, el problema no es solo la falta de fertilizantes, sino su uso ineficiente. Programas masivos de análisis de suelos, fertilización de precisión y capacitación técnica pueden reducir costos y aumentar la productividad.

Cuarto, promover el reciclaje de nutrientes en las fincas mediante compostaje, manejo de residuos orgánicos y sistemas integrados de producción agrícola y pecuaria.

El suelo es el capital más valioso del agricultor. Sin embargo, durante décadas la fertilización en Colombia se ha basado más en recetas comerciales que en diagnósticos técnicos. Esta práctica no solo incrementa la dependencia de insumos externos, sino que también deteriora la salud de los suelos.

La fragilidad del agro colombiano frente a los fertilizantes es, en el fondo, una señal de alerta sobre la necesidad de replantear el modelo de producción agrícola. No se trata de eliminar los fertilizantes químicos, que seguirán siendo necesarios, sino de usarlos de manera más eficiente, estratégica y complementada con alternativas biológicas.

Si Colombia aspira a garantizar su seguridad alimentaria, fortalecer la competitividad del campo y proteger el ingreso de sus agricultores, debe reducir la vulnerabilidad que hoy representa la dependencia de fertilizantes importados.

El futuro del agro no depende solo de sembrar más, sino de nutrir mejor nuestros suelos y construir sistemas productivos más resilientes. Porque, al final, la verdadera riqueza del campo colombiano está bajo nuestros pies, y cuidarla es la mejor inversión para el futuro del país.

Fuente: Luis Efrén Delgado Eraso
Link Original: https://pagina10.com/web/la-fragilidad-del-agro-colombiano-por-la-dependencia-de-fertilizantes/