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Aparecieron los chats entre La Joya Agro y quien le cuidaba los animales, y probarían que no “desaparecieron” sino que él mismo dio la orden de venderlos porque necesitaba la plata.
El pasado martes 24 de marzo, mientras miles de personas se movilizaban en todo el país repudiando el golpe de estado sucedido hace 50 años, Bichos de Campo publicó una nota con la versión de Nicolás Coscia, el joven empresario rosarino al que el influencer Bruno Riboldi, más conocido como La Joya Agro, acusó por la “desaparición” -nada menos- de unos 190 vacunos de su propiedad.
En aquella defensa, hecha por uno de sus abogados, Coscia narró que conocía a Riboldi desde hace muchos años y que por lo menos cuidaba a sus animales desde 2024. También aseguraba que fue el agroinfluencer quien le ordenó vender los bovinos, que no eran 190 sino 161, y que todo había sido hecho en el marco de las normas, con aprobación de Senasa, a través de una consignataria reconocida como Aguirre Vázquez, que pagó en cheques a 35 y 45 días la friolera de 267 millones de pesos.
En la versión de Nicolás Coscia, su “amigo” desde 2017, el influencer La Joya Agro fue quien le dio la orden de vender los 161 vacunos porque estaba “desesperado por la plata”: son 267 millones de pesos en cheques que todavía no se cobraron.
Pero faltaban pruebas, porque si no todo este conflicto que sacudió a millones de personas -indignadas por un supuesto robo de ganado que no fue- se resumía a una pelea entre dos ex amigos, cada una con su versión. Verdad contra verdad.
Bichos de Campo ahora accedió a una serie de conversaciones por WhatsApp mantenidas por ambos jóvenes que confirman buena parte de la versión del único acusado en esta causa. Aunque el daño patrimonial no llegó a existir, porque después de grabar varios videos y difundirlos entre sus 2,5 millones de seguidores, La Joya Agro recuperó rápidamente su hacienda y todo el negocio se desandó, y los supuestos cheques no llegaron a cobrarse. Nicolás Coscia quedó imputado en la misma por “defraudación por abuso de confianza”.
De confirmarse la veracidad de los chats telefónicos mantenidos por ambos empresarios, y que están en poder del fiscal de Villa Constitución Ramiro Martínez, no solo habrá que mascullar bronca por el enorme operativo policial que se montó a partir de la denuncia en las redes del influencer más popular del agro. Habrá que lamentar también que este conflicto que mantiene en vilo a muchísimos productores se desencadenó por una razón tan banal como idiota: el padre de La Joya quería comprar una camioneta último modelo, y por eso el joven agrónomo apuró la venta de sus animales para devolverle un dinero que le debía.
Hola amigo, lo llamaba Coscia a Riboldi a principios de enero. Como había hecho varias veces desde marzo de 2024, el influencer le había enviado al campo de Santa Teresa, llamado La Cañada, 163 animales en dos tandas registradas ante Senasa, a fines de noviembre y mediados de diciembre pasado. El primer diálogo de esta serie confirma que se habían muerto dos. También reflejan a un Coscia consustanciado con el cuidado de las mismas, pues había requerido servicios veterinarios para el resto y les había dado una segunda dosis de vacuna contra la neumonía, además de vitaminas.
Según aclararía luego La Joya Agro, no había sociedad entre ellos y el santafesino solo le prestaba servicio de pastaje.
El 11 de febrero todo seguía más que bien entre ambos amigos. Según la evidencia elevada por Coscia a la fiscalía, la conversación confirma que se encontraron ese día en el campo de Santa Teresa donde engordaban los animales traídos desde Tornquist y que todavía no había facturas mutuas por pasarse. Por el contrario, La Joya Agro felicitaba a su amigo por la “mano que tuviste” al filmar con su celular uno de los videos promocionales que abundan en las redes del influencer: en ese caso era una promoción de la internet satelital de Starlink.
El jueves 26 de febrero (esto cuestiona una versión que circulaba respecto de que la hacienda se había vendido un día antes, el 25) ambos compinches vuelven a cruzar mensajes y La Joya Agro explicita por primera vez el problema que enfrentaba. Su padre, también ingeniero agrónomo como él, había ido a una concesionaria Dietrich, donde le confirmaron que en marzo llegaría una camioneta que él quería comprarse. “Fijate el tema de la plata, que ya hay que pagarla y también las deudas de la mía”, le dice el padre en un mensaje reenviado a Coscia.
“Te reenvío literal el mensaje de mi viejo. Ahora sí se acabó lo que se daba, no puedo bancarte más. En marzo voy a necesitar la plata toda al día”, le escribió Bruno a Nicolás, dando a entender que ya se habían agotado los plazos para recuperar algún dinero que este le debía.
Por cierto, en las bases de deudores del Banco Central, Coscia venía arrastrando decenas de cheques rebotados, que pudo levantar a medias, y debía en ese momento cerca de unos 500 millones de pesos. Sus abogados argumentaban que semejante deuda se originó, en buena medida, por la entrada a concurso de acreedores de la firma ganadera San Sebastián Elam SRL, el mes anterior en Rosario, que también interactuaba en el mismo campo de La Cañada.
El influencer, en ese intercambio, se muestra por primera vez duro con esta exigencia: “Yo vuelvo el 9 a Rosario y también el 16 de marzo. Ahí en el medio necesito toda la plata sí o sí. Porque mi viejo no está al tanto de esta deuda ni sabe que viene de los terneros. Pero ya me mandó hoy que la quiere sí o sí y tiene la camioneta reservada”, explicó Riboldi, todavía en buenos términos.
También en buenos términos, Nicolás contesta que haría la gestión. “En cuanto tenga novedad de la reunión y panorama te aviso amigo. Te mando un abrazo”.
Pero la paz no duró mucho: “Confío en vos 100% y en la amistad que tenemos que para el 9 esté la guita. Porque si esto sale a la luz mi viejo me liquida y ya lo conozco, se va a poner todo muy feo”, escribía La Joya Agro a los pocos minutos. “Esto” es una intríngulis: no sabemos a qué se refería, pero evidentemente era un manejo de dinero compartido por ambos jóvenes a espaldas de Riboldi padre.
“No entiendo qué querés decir con ‘sale a la luz’”, le responde Coscia.
El influencer le pide que lo llame “así dejamos todo claro”. Coscia lo retruca y todo va ganando tensión: “Está todo claro. ¿Me están amenazando con sacar qué a la luz?”, repregunta.
“Y bueno, llamame. ¡Qué amenaza! ¡Qué batís!”, cierra ese diálogo en malos términos.
El 9 de marzo, en vísperas de la Expoagro y en la fecha en que La Joya Agro había puesto como inicio del ultimátum a Coscia para que entregue ese dinero, los amigos intercambian varios llamados, mensajes de audio y de texto. En uno de ellos, que Nicolás transcribe utilizando la IA, el influencer parece decir que para esa misma semana de marzo iba a necesitar “60 palos y más”.
Y añade: “Lo único que te pido es que si vos ya sabés que no va a estar la plata esta semana que viene” (en este punto la frase es ininteligible) “reventemos ahí 60 o 70 terneros”.
“En serio, con una mano en el corazón, hasta acá puede aguantar tirarte una mano, pero ya el Náufrago (el apodo del padre) quiere la guita”, se justificó el influencer por tanta presión sobre su amigo, visiblemente endeudado a esa altura.
“Sí o sí, no vendamos, reventemos terneros y listo. ¿Ok?”, le sugiere, antes de agregar que “también voy a necesitar cheques, por la plata de mayo, porque los voy a pasar, aunque sea una parte”.
El 16 de marzo parecía ser el último plazo convenido para la entrega del dinero que Nicolás le debía a Bruno, quien a su vez debía entregarlo a su padre. Y es el día en que detona toda la conversación entre ellos. El trato deja de ser amigable. A comienzos de la tarde, el influencer avisa que suspendió su viaje a Buenos Aires para poder recibir el dinero al día siguiente, 17 de marzo, antes de las tres de la tarde. Nicolás le contesta que se había comprometido a entregarle la plata adeudada recién por la tarde.
“Estoy haciendo un movimiento grande para ya dejar todo saldado y cerrado. Y una parte la cobro en una consignataria Bs As (se presume que es en la Capital Federal). Por eso te dije que vayas tranquilo y que te avisaba”, se excusa Coscia ante la imposibilidad de responder a las urgencias de La Joya.
Pero la paciencia se había agotado: “Yo la plata la necesito en Trasatlántica (una financiera de Rosario), que cierra a las 15:30. En Buenos Aires no me sirve. Por eso me quedé”.
Otro síntoma del agotamiento de la relación, horas más tarde, surge cuando el mediático personaje le dice a quien había vendido sus animales: “Me voy a Buenos Aires mañana y vuelvo el miércoles. Y armá de contado sí o sí los 160 terneros de hoy”.
La conversación se cortó, al parecer, después de ese ultimátum definitivo. A las ocho de la noche del 16 de marzo, Nicolás Coscia le pidió a Bruno Riboldi que dejara de presionarlo: “No me quemés más el teléfono. En serio, te lo pido bien”.
Es evidente que allí la evidencia entregada al fiscal está editada para favorecer la posición del imputado, porque se alternan algunos horarios. Lo cierto es que en esta versión del chat, Riboldi también llegó a decirle a Coscia que “no me importa si se vende barato o si me cobrás carísimo el engorde. A mi plazo no me sirve. Armá el negocio de contado y listo”.
Esta frase, de confirmarse, termina de confundir respecto de que las 161 cabezas de La Joya Agro que estaban pastando en el campo de Coscia se hubieran vendido semanas antes y en plazos de hasta 45 días, con la intermediación de la consignataria Aguirre Vázquez. De hecho, en este tramo del diálogo el influencer da por sentado que la operación todavía no se había concretado y le pide a su representante que la apure.
Otra posibilidad es que Nicolás Coscia efectivamente haya enviado la hacienda a Chabás a través de la consignataria Aguirre Vázquez a fines de febrero, pero imposibilitado de responderle a Bruno le escondiera a este la verdadera situación, ya que los cheques habían sido pactados a plazos más extensos.
El martes 17 de marzo se produce el desenlace que declara el famoso protagonista de esta historia, que se presume ya había regresado a Rosario. Ese día -según queda registrado en la base de datos de Senasa-, Coscia pide ante ese organismo los permisos (DTe) para trasladar la hacienda desde el campo La Cañada, en Santa Teresa, de nuevo hacia el campo de los Riboldi en Tornquist. Parece querer o devolver la hacienda o maquillar el faltante ante una venta previa. Según su versión, lo que hizo es querer limpiar de existencias su campo de Santa Teresa.
Como sea, ya se había producido su traslado al feedlot, cuyos dueños (los Polimanti) declaran haber recibido el ganado casi un mes antes. Nada queda claro y nadie lo aclara. El Senasa, en vez de explicar, cerró la oficina en Máximo Paz, la encargada de aprobar estos movimientos.
Lo cierto es que Riboldi, sin poder cobrar todavía el dinero de la venta que él mismo había ordenado a principios de febrero, dice haberse enterado de ese pretendido movimiento solicitado por Coscia el mismo 17, a través de su servicio de “autogestión” del Senasa. A partir de allí, es evidente, comienza a urdir una maniobra para intentar recuperar sus animales: denunciar los faltantes ante sus poderosas redes sociales.
Si estos chats resultan ser ciertos, como todo parece indicar, el miércoles 18 el influencer defraudado ya no atiende las llamadas de su ex amigo. Nicolás, además, se entera que La Joya Agro estuvo hablando pestes sobre él y se lo recrimina: “Te confundiste feo feo conmigo. Me fuiste por atrás hablando mierdas de mí con todo el mundo y familiares, cuando yo te fui siempre sincero y trabajé mucho. Y encima me hacés atender por un abogado”, se queja. La pelea está declarada.
También le aclara, en tono de reprimenda: “Hoy pudiste haber terminado todo bien y arrancaste con cualquiera. Sabé que estoy muy tranquilo porque tengo todos los comprobantes de lo hecho y hablado”. Estos chats son parte de esa supuesta evidencia.
El jueves 19 de marzo, en horas del mediodía, La Joya Agro ya había lanzado su implacable venganza apoyándose