El agro peruano merece más que promesas recicladas

"Necesitamos un cambio de paradigma: pasar de lo sectorial a lo territorial. Esto significa que las comunidades y los actores locales decidan sobre su propio desarrollo".

El agro peruano merece más que promesas recicladas

El agro peruano merece más que promesas recicladas

Faltan pocos días para las elecciones de 2026 y el campo peruano ya sabe lo que le espera, más de lo mismo. Al revisar los planes de gobierno de izquierda, centro y derecha, uno descubre una coincidencia tan preocupante como reveladora. Todos insisten en resolver los problemas del agro con recetas diseñadas desde escritorios limeños. Cambian los nombres, cambian los logos, pero el enfoque es el mismo de siempre.

La izquierda promete una “Segunda Reforma Agraria” centrada en la soberanía alimentaria: agricultura familiar, regulación del latifundio y compras públicas obligatorias. Suena solidario, pero descansa en una intervención estatal que no explica cómo se financiará ni cómo será sostenible en el tiempo.

La derecha apuesta todo al modelo agroexportador: gran infraestructura, mecanización masiva y pequeños productores enganchados a cadenas de exportación. Confía en que el mercado resolverá la pobreza rural por arte de magia. Es como si la agricultura se hiciera en una nube y no se analiza las condiciones de partida en el territorio.

El centro intenta ser pragmático: innovación tecnológica, cadenas de valor modernas y un diálogo entre lo público y lo privado. En el papel luce razonable, pero sigue controlando las prioridades desde las instituciones centrales. El campo opina poco; Lima decide mucho.

Un ejemplo lo dice todo: la titulación de tierras. Para la derecha es una llave para acceder al crédito. Para la izquierda, un escudo contra el extractivismo. Ninguno la entiende como parte de un sistema territorial más amplio, que necesita salud, educación e infraestructura para funcionar de verdad. Un título de propiedad sin caminos, sin agua potable ni escuela cercana es apenas un papel.

Con el agua pasa algo parecido. La obsesión por el “fierro y cemento” —represas, megaproyectos, miles de reservorios— domina el debate. Pero la gestión hídrica efectiva no nace de la obra física impuesta desde Lima, sino de la gobernanza de quienes viven en la cuenca. Sin ellos, las represas son elefantes blancos con fecha de vencimiento.

Necesitamos un cambio de paradigma: pasar de lo sectorial a lo territorial. Esto significa que las comunidades y los actores locales decidan sobre su propio desarrollo, con un Estado nacional que deje de tutelar cada paso y se dedique a lo que le corresponde: garantizar infraestructura, conectividad y servicios públicos de calidad.

No vemos que haya una verdadera preocupación por la descentralización y la eficiencia del gasto ejecutado por espacios territoriales donde se pueda medir su impacto. Así tampoco queda claro ¿dónde está el detalle del financiamiento fiscal para todo lo que los partidos en carrera prometen? Todo es más de lo mismo.

Fuente: Perú 21
Link Original: https://peru21.pe/opinion/juan-manuel-benites-agro-peruano-merece-mas-que-promesas-recicladas/